
La calificación energética es esa letra de la A a la G que aparece en los anuncios de venta y alquiler de viviendas. Mucha gente la mira de pasada, pero detrás de esa letra hay datos de consumo y de emisiones que anticipan las facturas, el confort de la vivienda y las posibles obras que necesitará en el futuro.
En esta guía explicamos qué mide la calificación energética, cómo se obtiene, cuánto cuesta, qué exige la normativa en 2026 y cómo la utilizamos nosotros, desde Domoblock, al analizar un inmueble para un proyecto de reforma.

Es el resultado de evaluar la eficiencia energética de un edificio o de una parte de él, como una vivienda o un local. Expresa, en condiciones normales de uso y ocupación, cuánta energía necesita el inmueble para funcionar y cuánto dióxido de carbono emite a la atmósfera como consecuencia de ese consumo.
La regula el Real Decreto 390/2021, que aprueba el procedimiento básico para la certificación de la eficiencia energética de los edificios. El IDAE publica los documentos reconocidos y los programas informáticos oficiales que se utilizan para calcularla.
La A corresponde a los inmuebles más eficientes y la G a los menos eficientes. Cada letra se asigna según unos límites que dependen de la zona climática en la que se encuentra el edificio y de su tipo, por lo que una misma letra no significa exactamente lo mismo en Burgos que en Sevilla.
Se expresa en kilovatios hora por metro cuadrado y año (kWh/m²·año). Mide la energía de origen fósil necesaria para la calefacción, la refrigeración y el agua caliente sanitaria y, en los edificios terciarios, también para la iluminación. Es el indicador que mejor anticipa el gasto energético.
Se expresan en kilogramos de CO₂ por metro cuadrado y año. Dependen tanto de la cantidad de energía consumida como de su origen, de forma que una vivienda con caldera de gasóleo emitirá más que otra con bomba de calor, aunque ambas tengan necesidades parecidas.
La etiqueta recoge la dirección, la referencia catastral, la superficie, el uso, la zona climática y la normativa energética vigente cuando se construyó el edificio. Estos datos permiten comprobar que el certificado corresponde de verdad al inmueble que se vende o se alquila.
La etiqueta indica la fecha de emisión, la fecha de caducidad y el número de registro en la comunidad autónoma correspondiente. Sin ese número de registro, la etiqueta no es oficial y no sirve para cumplir la obligación de incluirla en los anuncios.
Corresponde a consumos y emisiones muy bajos frente a la referencia de su zona climática. Alcanzarla suele exigir un buen aislamiento térmico, carpinterías eficientes, sistemas de climatización de alto rendimiento y un aporte significativo de energías renovables.
Son habituales en la obra nueva reciente y en las viviendas que se han rehabilitado de forma integral. Indican un consumo moderado y un buen nivel de confort, y suelen ser el objetivo realista de una reforma energética bien planteada en un piso existente.
Son las más frecuentes en el parque residencial español, construido en buena parte antes de que existieran exigencias de aislamiento. Estas viviendas tienen margen de mejora con actuaciones relativamente sencillas, como el cambio de ventanas o de los equipos de climatización.
Corresponden a edificios con poco o ningún aislamiento y con sistemas antiguos o poco eficientes. Son los inmuebles que más margen de mejora tienen, pero también los que generan un mayor costo de uso y los que más pueden verse afectados por la futura normativa europea.
Dos viviendas con la misma letra pueden tener consumos muy distintos si están en zonas climáticas diferentes. Además, la etiqueta puede mostrar una letra para el consumo y otra distinta para las emisiones, por lo que conviene mirar siempre los valores numéricos y no quedarse solo con la letra.
Las fachadas, las cubiertas, los suelos y las medianeras forman la envolvente del edificio. Su composición y su nivel de aislamiento determinan cuánto calor se pierde en invierno y cuánto se gana en verano, y son el factor que más pesa en la calificación de los edificios antiguos.
La orientación de las ventanas, la compacidad del edificio y los puentes térmicos influyen en la demanda de climatización. Una vivienda bien orientada y con pocas superficies expuestas necesita menos energía que otra de igual tamaño mal orientada.
El cálculo valora el rendimiento de calderas, bombas de calor, equipos de aire acondicionado y termos eléctricos. Sustituir un equipo antiguo por uno de alto rendimiento puede mejorar varias letras sin necesidad de intervenir en la envolvente.
La ventilación afecta a las pérdidas térmicas, especialmente en viviendas con muchas infiltraciones por ventanas o cajas de persiana. La iluminación solo se computa en edificios no residenciales, como oficinas o locales, donde tiene un peso relevante en el consumo total.
La solar térmica, la fotovoltaica, la aerotermia o la biomasa reducen el consumo de energía primaria no renovable. Por eso, incorporar alguna de estas fuentes es una de las vías más eficaces para mejorar la calificación de un inmueble.
El programa de cálculo combina todos estos datos y obtiene los indicadores finales por metro cuadrado. Después los compara con la escala de referencia de la zona climática para asignar una letra al consumo y otra a las emisiones.
Es el informe completo que firma el técnico competente, con los datos del inmueble, los cálculos realizados, la calificación obtenida y las recomendaciones de mejora. Es el documento que tiene validez legal y el que debe registrarse ante la comunidad autónoma.
Es la letra y los valores numéricos que se obtienen tras el cálculo, y forma parte del certificado. Hablar de “calificación” es referirse al resultado, mientras que el “certificado” es el documento que lo contiene y lo justifica.
Es el distintivo gráfico que resume la calificación de forma sencilla. El RD 390/2021 obliga a incluirla en toda oferta, promoción y publicidad de venta o alquiler, de modo que cualquier comprador o inquilino pueda conocer la eficiencia del inmueble desde el anuncio.
El certificado debe inscribirse en el registro autonómico correspondiente para que tenga plena validez. Sin ese registro no se emite la etiqueta oficial, y el propietario no podría acreditar que cumple sus obligaciones al vender o alquilar.
Según el RD 390/2021, el certificado es obligatorio en los siguientes supuestos, entre otros que recoge la norma:
La propia norma excluye, entre otros, los edificios aislados de menos de 50 m² útiles, las construcciones provisionales, ciertos edificios industriales o agrícolas no residenciales y los inmuebles que se compren para demolerlos o reformarlos de forma importante. Conviene revisar cada caso, porque las excepciones son concretas.
No disponer del certificado o no mostrar la etiqueta en un anuncio puede sancionarse con multas que, en los supuestos más graves, llegan a 6.000 €, según el régimen sancionador del Texto Refundido de la Ley de Suelo y Rehabilitación Urbana. La inspección corresponde a las comunidades autónomas.
El RD 390/2021 reserva la certificación a técnicos con titulación habilitante, como arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros o ingenieros técnicos con competencias en la materia. Antes de contratar, conviene comprobar su titulación y que disponga de un seguro de responsabilidad civil profesional.
La visita presencial es obligatoria según la normativa vigente. Durante ella, el técnico mide la vivienda, revisa los cerramientos, las ventanas y las instalaciones, y toma fotografías que después incorpora al certificado como justificación de los datos utilizados.
Solo son válidos los programas reconocidos oficialmente por el Ministerio, como HULC, CE3X, CE3, CYPETHERM o SG SAVE. Cada uno tiene sus particularidades, pero todos deben ajustarse a la metodología oficial para que la calificación sea comparable entre inmuebles.
El técnico, o el propietario según la comunidad autónoma, presenta el certificado en el registro autonómico y entrega la documentación final. A partir de ese momento, el propietario puede usar la etiqueta en los anuncios y entregarla a compradores o inquilinos.
Pide varios presupuestos y compara no solo el precio, sino también lo que incluye cada uno, como la visita, el registro o las tasas. Comprueba la titulación del técnico y su seguro de responsabilidad civil antes de encargar el trabajo.
Los planos, la memoria de calidades, las facturas de ventanas o de la caldera y el año de construcción ayudan a afinar el cálculo. Cuanta más información real tenga el técnico, menos valores por defecto tendrá que aplicar, y esos valores suelen penalizar la calificación.
El técnico visita la vivienda, toma medidas, revisa las instalaciones y comprueba el estado de la envolvente. Es recomendable estar presente para responder dudas sobre reformas anteriores o sobre el funcionamiento de los equipos.
Con los datos recogidos, el técnico los introduce en el programa reconocido y obtiene la calificación de consumo y de emisiones. Este proceso suele tardar unos pocos días, según la complejidad del inmueble y la carga de trabajo del profesional.
El certificado debe incluir medidas para mejorar la eficiencia, con su efecto estimado sobre la calificación. Estas recomendaciones son muy útiles para planificar una reforma, porque indican qué actuaciones tendrían más impacto en la letra final.
El certificado se presenta en el registro de la comunidad autónoma correspondiente, normalmente de forma telemática. Algunas comunidades cobran una tasa por la inscripción, que conviene tener en cuenta al comparar presupuestos.
Una vez registrado el certificado, se obtiene la etiqueta oficial, que ya puede incluirse en los anuncios y entregarse a compradores o inquilinos. Guarda una copia junto con la documentación del inmueble, porque te la pedirán en el notario o al firmar el contrato de alquiler.
No existe un precio regulado y cada técnico fija sus honorarios. En el mercado suelen verse precios orientativos de entre 60 y 250 € para una vivienda, según su tamaño, su ubicación y la complejidad del inmueble, mientras que los locales y los edificios completos cuestan más.
A los honorarios puede sumarse la tasa de registro que cobran algunas comunidades autónomas. Desconfía de los precios muy bajos que no incluyen visita presencial: la inspección es obligatoria, y un certificado hecho sin ella puede no ser válido y obligarte a repetirlo.
El certificado tiene una validez máxima de 10 años desde su emisión. Si la calificación obtenida es una G, el RD 390/2021 reduce esa validez a 5 años, para incentivar que los inmuebles menos eficientes se revisen y mejoren con más frecuencia.
Si se realizan reformas que cambian la eficiencia del inmueble, conviene actualizar el certificado antes de que caduque para que refleje su estado real. Además, un certificado actualizado tras la obra es imprescindible para acreditar la mejora y acceder a las deducciones fiscales.

Es la medida de mayor impacto en los edificios antiguos, sobre todo si se ejecuta a nivel de comunidad con sistemas como el SATE (aislamiento térmico por el exterior). Cuando la comunidad no lo aprueba, el aislamiento por el interior es una alternativa, aunque resta algo de superficie útil.
Las carpinterías con rotura de puente térmico y doble o triple vidrio reducen las pérdidas de calor y mejoran el confort acústico. Sellar las cajas de persiana y las juntas también reduce infiltraciones, con un costo mucho menor que cambiar toda la ventana.
Sustituir calderas antiguas o radiadores eléctricos por bombas de calor de alto rendimiento suele subir varias letras de la calificación. Es una de las mejoras con mejor relación entre costo e impacto, especialmente en viviendas con calefacción eléctrica directa.
La aerotermia o la energía solar térmica reducen de forma notable el consumo de energía no renovable para el agua caliente sanitaria. En viviendas con termos eléctricos antiguos, este cambio puede tener un efecto relevante en la calificación final.
El autoconsumo fotovoltaico, ya sea individual o compartido con la comunidad, mejora el indicador de energía primaria no renovable. Su efecto es mayor cuando se combina con equipos eléctricos eficientes, como la aerotermia, que aprovechan la energía generada.
La iluminación LED, los termostatos programables y el control de la temperatura por estancias ayudan a reducir el consumo real. Su efecto en la letra de una vivienda es menor que el de otras medidas, pero mejoran el confort y la factura con una inversión reducida.
Pide al técnico que ordene las recomendaciones del certificado por costo y por mejora estimada en la calificación. Así se evita invertir primero en lo que menos sube la letra y se puede planificar la reforma por fases, según el presupuesto disponible.
Un piso de 80 m² con calificación E se reforma con aislamiento interior, ventanas nuevas y aerotermia por 12.000 €. Si el certificado posterior acredita una reducción del consumo de energía primaria no renovable de al menos el 30 %, o la vivienda alcanza una A o una B, puede aplicarse la deducción del 40 % en el IRPF prevista en la disposición adicional quincuagésima de la Ley 35/2006, con una base máxima de 7.500 €:
Para viviendas, esta deducción se aplica a obras realizadas hasta el 31 de diciembre de 2026, y exige certificados energéticos emitidos antes y después de las obras. Para las obras en edificios residenciales completos, el plazo se extiende hasta el 31 de diciembre de 2027.
La obra nueva debe cumplir el Documento Básico HE del Código Técnico de la Edificación, actualizado por el Real Decreto 732/2019, que exige edificios de consumo de energía casi nulo. En la práctica, la mayoría de las viviendas nuevas obtienen una calificación A o B.
La obra nueva necesita dos certificados: el de proyecto, que se emite antes de construir, y el de edificio terminado, que debe coincidir con lo realmente ejecutado. Si durante la obra se cambian materiales o equipos, el certificado final debe reflejarlo.
La Directiva (UE) 2024/1275 endurece este estándar: los edificios nuevos deberán ser de cero emisiones desde 2030 (2028 para los públicos), y prevé una escala armonizada en la que la A corresponde a esos edificios. El plazo de transposición venció en mayo de 2026 y, a la fecha de redacción, España aún no la ha incorporado plenamente, por lo que la escala actual sigue vigente.
Una buena calificación reduce las facturas, mejora el confort y puede facilitar la financiación, porque algunas entidades ofrecen hipotecas verdes con mejores condiciones para viviendas con calificación A o B. Es, por tanto, un argumento comercial cada vez más relevante.
La relación con el precio no es automática, porque la ubicación, el estado y el tamaño pesan más en la valoración. Pero en mercados con mucha oferta similar, la eficiencia diferencia, y con la normativa europea avanzando, las viviendas F y G pueden enfrentarse a más obras obligatorias o a menos demanda en el futuro.
En nuestros proyectos de reforma lo tenemos en cuenta desde el inicio, porque la mejora energética forma parte del valor que se crea. Sergio Navarro, CEO de Domoblock, lo resume así: con una reforma energética “se mejora el nivel de emisiones entre un 30-40 % por cada proyecto”.
Esta es la lista que aplicamos nosotros cuando revisamos el certificado energético de un inmueble antes de valorarlo:
En Domoblock, nuestra herramienta propia rastrea portales 24/7 y analizamos más de 100 inmuebles por semana. La calificación energética es uno de los datos que usamos para estimar el costo de la reforma y el atractivo que tendrá el inmueble una vez terminado.
La A es la de mayor eficiencia: consumos y emisiones muy bajos frente a la referencia de su zona climática. Para viviendas existentes, pasar de una E a una C ya supone una mejora notable en facturas y confort, y suele estar más al alcance que alcanzar una A sin una rehabilitación integral.
Sí. La calificación no impide vender ni alquilar; lo obligatorio es tener el certificado registrado y mostrar la etiqueta en los anuncios. Eso sí, con una G el certificado caduca a los 5 años, y el comprador probablemente descontará del precio el costo de las mejoras necesarias.
No. El RD 390/2021 lo exige en la venta y en el alquiler a un nuevo arrendatario, no en transmisiones gratuitas como herencias o donaciones. Si después los herederos venden o alquilan la vivienda, sí tendrán que obtenerlo antes de anunciarla.
Los locales sí, cuando se venden o alquilan, con su propia escala de calificación para uso terciario. Las naves industriales y los edificios agrícolas no residenciales con baja demanda energética están excluidos por el RD 390/2021, igual que los edificios aislados de menos de 50 m² útiles.
Es una infracción. El RD 390/2021 obliga a incluir la etiqueta en toda oferta, promoción o publicidad de venta o alquiler, y las comunidades autónomas pueden sancionar su ausencia. Las multas varían según la gravedad y, en los casos más graves, pueden alcanzar los 6.000 €.
No mientras dure el mismo contrato. El certificado se exige al vender o al alquilar a un nuevo arrendatario. Si caduca con el inquilino dentro, basta con renovarlo antes de la siguiente venta o del próximo contrato, momento en que deberá estar vigente y registrado.
La calificación energética permite anticipar parte del consumo, el confort y las mejoras que puede requerir un inmueble, factores que pueden afectar a sus gastos y atractivo en el mercado. Antes de invertir desde 200 € en un proyecto inmobiliario tokenizado de Domoblock, revisa este indicador junto con la documentación técnica, el plan de reforma y los riesgos de la operación; la gestión 100 % online no sustituye esa evaluación.
La calificación energética es más que una letra en un anuncio: resume consumo, emisiones y obras pendientes. Antes de comprar o alquilar, lee los valores numéricos y las recomendaciones de mejora, y comprueba que el certificado esté registrado y vigente. Si planeas reformar, pide el certificado antes de empezar: sin él no podrás acreditar la mejora ni acceder a las deducciones fiscales. Recuerda que toda inversión inmobiliaria implica riesgos de iliquidez, retrasos y pérdida de capital.
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Rúa Progreso, 27
Financiado
Objetivo
1.575.297,50 €