
La gestión de proyectos inmobiliarios implica coordinar recursos, controlar presupuestos, supervisar plazos de ejecución y garantizar la rentabilidad de cada inversión. Para lograrlo, promotores, constructores e inversores necesitan herramientas que les permitan conocer con precisión el estado real de sus proyectos en cada etapa del desarrollo. Entre los indicadores más utilizados destaca el WIP (Work In Progress), un método de control que ayuda a medir el avance de los trabajos, los costes acumulados y el valor generado hasta un momento determinado. Comprender cómo funciona este concepto resulta fundamental para mejorar la planificación financiera, reducir riesgos y tomar decisiones más acertadas en el sector inmobiliario.
El WIP (Work In Progress) en el sector inmobiliario se refiere a obras iniciadas que todavía no están finalizadas. Son proyectos de construcción con un porcentaje significativo de avance físico – por ejemplo, cimentación o estructura levantada – pero pendientes de terminación. En contabilidad, WIP engloba “tareas, artículos o proyectos iniciados pero sin terminar”, incluyendo todos los materiales usados, la mano de obra realizada y los costos ya invertidos. En la práctica española, se traduciría como “obra en curso” o “estructura parada”: proyectos cuyos desarrollos se paralizaron y se encuentran a medio construir.
A diferencia de comenzar una obra desde cero, adquirir un WIP implica aprovechar todo lo ya construido. Por ello, estos activos incluyen no solo el terreno y la estructura existente, sino también los gastos de urbanización, tasas e impuestos ya pagados. Se calcula el WIP a menudo con el método del porcentaje de obra ejecutada (por ejemplo, costos incurridos sobre costos totales estimados) para determinar el avance. Esta información permite cuantificar el valor efectivo del proyecto a la fecha y facilita planificar la finalización. En resumen, el WIP inmobiliario es un inventario de proyectos en construcción que aún no están terminados, reflejando el progreso acumulado de cada obra.
Las estructuras WIP suelen compartir rasgos comunes derivados de su naturaleza de proyecto a medio hacer:
Adquirir o gestionar WIP inmobiliarios ofrece varias ventajas financieras y operativas:
Estas ventajas explican por qué promotores e inversores han mostrado creciente interés en los WIP durante los últimos años: permiten reactivar inversiones paralizadas, con menor coste y mayor rapidez en la recuperación del capital.
Aunque en español ambas expresiones a veces se confunden, hay una diferencia sutil según el contexto contable e industrial. En líneas generales, “Work in Process” (WIP) se usa más en procesos industriales/manufactura, y “Work in Progress” (WIP) en proyectos de construcción o de activos de largo plazo. En contabilidad, “trabajo en proceso” suele referirse a productos parcialmente fabricados en un ciclo corto (materias primas en proceso de convertirse en bienes terminados), mientras que “trabajo en progreso” denota proyectos de inversión prolongada, como edificaciones en curso. En la práctica, para las constructoras se emplea típicamente WIP (progress) como un activo no corriente, indicando obras a futuro, mientras que las manufactureras usan WIP (process) como activo corriente en inventarios. No obstante, a nivel coloquial muchas empresas usan ambos términos indistintamente, y en informes financieros puede abreviarse simplemente como “WIP” sin diferenciar.
Un informe WIP es una herramienta contable que resume la situación financiera de proyectos inmobiliarios en curso. Los elementos fundamentales que debe incluir son:
Estos datos permiten comparar lo planeado vs. lo ejecutado y determinar si el proyecto está sobre-costeado o subfacturado. En la práctica, Deltek recomienda que un reporte WIP sea elaborado para cada obra y también a nivel global de empresa, proporcionando así supervisión completa del estado financiero de todos los proyectos. Un informe WIP bien diseñado facilita el análisis de la rentabilidad y el flujo de caja asociado a cada construcción.

El cálculo del WIP inmobiliario suele basarse en el método del porcentaje de avance (percentage of completion). Esto implica estimar qué parte del contrato total se ha completado en función de los costos incurridos.
La fórmula principal utiliza el porcentaje de avance (POC) y se calcula así:
Este método refleja la parte del proyecto que aún está “no facturada” respecto al avance real. Un resultado positivo indica sobrefacturación (ya cobraron más de lo que corresponde al avance) y uno negativo indica subfacturación (falta por cobrar por el trabajo completado).
Para aplicar la fórmula se requieren principalmente:
Con estas variables, se calcula el POC (Actual Cost / Budget) y luego se determina el WIP según la fórmula anterior.
Supongamos un proyecto con estos datos: contrato de 2.000.000 €, costos estimados totales 1.600.000 €, costos reales incurridos hasta la fecha 400.000 €, y facturación a la fecha 600.000 €. Primero, el avance (POC) es 400.000 € / 1.600.000 € = 25%. Aplicando al contrato total, los ingresos devengados serían el 25% de la ganancia prevista (en el ejemplo de Deltek, 100.000 $). Al compararlo con lo facturado, si se han cobrado 600.000 €, resulta una sobrefacturación de 100.000 € (600.000 facturados – (400.000 costos + 100.000 ingresos devengados) = +100.000). Esto indica que se ha cobrado más de lo ganado, generando un saldo positivo. Si el resultado hubiera sido negativo, habríamos tenido subfacturación.
En resumen, el WIP se calcula siguiendo estos pasos: determinar el porcentaje completado, aplicar ese porcentaje al valor del contrato para obtener ingresos devengados, y luego comparar con lo efectivamente facturado. Este procedimiento permite identificar sobrecostos o desviaciones a tiempo.
Para una gestión financiera sólida, es crucial actualizar y registrar el WIP periódicamente. Lo habitual es elaborar informes WIP de forma mensual (o incluso semanal en proyectos muy activos) para reflejar los cambios recientes. Deltek recomienda generar un reporte WIP global de empresa y otro individual por proyecto. De este modo, la empresa obtiene visión completa del estado financiero de todos los desarrollos inmobiliarios, y puede detectar a tiempo cualquier desviación.
Un seguimiento riguroso del WIP permite a la gerencia tomar decisiones informadas sobre financiación y asignación de recursos. Por ejemplo, un informe puntual puede advertir que un proyecto está consumiendo mucho más presupuesto del previsto, señalando la necesidad de ajustar el plan o conseguir financiación adicional. También sirve para preparar los estados financieros con exactitud, ya que el valor del WIP debe reflejarse en el balance (como activo corriente o no corriente según el caso) y en la cuenta de resultados. En la práctica, muchos desarrolladores utilizan sistemas ERP o software de gestión de proyectos que integran el cálculo del WIP automáticamente, minimizando errores manuales y acelerando la obtención de reportes actualizados.
Mantener un control automatizado y en tiempo real de estas cifras es lo más recomendable. Herramientas especializadas pueden vincular el WIP con el seguimiento de presupuesto y facturación, de manera que cualquier cambio de coste o avance se refleje instantáneamente en el informe. En definitiva, la clave está en la consistencia del registro: actualizar costos comprometidos y gastos a medida que ocurren, y generar reportes WIP frecuentes, para que el análisis refleje la situación real del proyecto.

Una gestión inadecuada del WIP puede acarrear serios problemas financieros. Entre los principales riesgos destacan:
En resumen, los errores más comunes incluyen basar el porcentaje de avance solo en lo gastado, actualizar irregularmente el reporte y confundir el dinero cobrado con ganancia efectiva. Estos fallos comprometen la visibilidad financiera del proyecto y pueden llevar a sobrecostos, falta de financiación o pérdidas.
No existe una norma legal específica que obligue a los promotores a usar informes WIP. Sin embargo, en proyectos de construcción prolongados es una buena práctica contable ampliamente recomendada. Llevar el WIP permite reflejar fielmente el estado financiero real de un proyecto, evitando subestimar costos y evitando problemas en la contabilidad. Por ello, muchas empresas constructoras lo aplican de oficio para mejorar la transparencia y la toma de decisiones.
Estos términos definen el estado de la facturación relativa al avance. Un WIP positivo significa que se ha facturado más dinero del que corresponde al porcentaje real de trabajo completado (es decir, se ha cobrado por adelantado, sobrefacturación). En cambio, un WIP negativo indica que se ha facturado menos de lo que realmente se ha avanzado (subfacturación). En otras palabras, WIP positivo = sobrecobro, WIP negativo = bajo cobro respecto a los costos incurridos.
El WIP proporciona información clave sobre la rentabilidad y el flujo de caja de un proyecto. Permite comparar costos incurridos con valor facturado, identificando a tiempo desviaciones de presupuesto. Por ejemplo, si un informe WIP muestra que solo se ha completado el 30% de una obra pero ya se gastó el 70% del presupuesto, se puede prever que habrá sobrecostos. Esta señal temprana permite ajustar el plan, renegociar precios o buscar financiación adicional antes de que los problemas sean graves. Además, un WIP preciso mejora la exactitud de los estados financieros: facilita conocer cuánto ingreso se ha realmente devengado frente a lo cobrado. En conjunto, llevar WIP ayuda a anticipar escenarios y tomar decisiones de inversión o financiación más informadas.
Entre los errores frecuentes está asumir mal el porcentaje de avance, tomando el gasto incurrido como porcentaje completado. También es común no actualizar periódicamente el WIP (por ejemplo, sólo hacerlo al final del proyecto), o pasar por alto costos comprometidos que ya se acordaron pagar. Los errores manuales de registro (extra o falta de cifras) pueden sesgar el informe. Otro fallo es confundir la sobrefacturación con ganancia real. En conjunto, estos errores producen información distorsionada que puede ocultar problemas y dificultar la gestión.
Sí. Hoy existen sistemas ERP y de contabilidad especializados que automatizan el cálculo y seguimiento del WIP. Estos programas integran gastos, facturación y progreso del proyecto para generar reportes WIP en tiempo real. De esta forma se eliminan errores manuales y se mejora la velocidad de obtención de datos. Un software adecuado permite, por ejemplo, obtener alertas automáticas cuando un proyecto se desvía del plan, optimizando la gestión financiera. En resumen, la automatización con herramientas especializadas hace más eficiente y fiable el control del WIP.
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En conclusión, el WIP inmobiliario es una herramienta esencial para evaluar el progreso y la salud financiera de proyectos inmobiliarios en construcción. Permite reflejar contablemente el valor de las obras a medio hacer y facilita la toma de decisiones sobre costes, tiempos y financiación. Como resume Deltek, el WIP “calcula el progreso de todo el trabajo en curso, permitiendo ver lo realizado y lo que queda por hacer”, lo que ayuda a gestionar los presupuestos de forma eficaz. Una correcta implementación del WIP ayuda a detectar desvíos presupuestarios con antelación, optimizar recursos y mejorar la rentabilidad global de la promotora. Con prácticas innovadoras (como la tokenización de WIP en plataformas digitales), el WIP impulsa ahora el acceso a la inversión inmobiliaria de manera más accesible y transparente. Gestionarlo bien puede ser la diferencia entre un proyecto rentable o un activo sin explotar.